7.22.2013

El rugido





Corrió, corrió tanto como sus piernas y sus pulmones le permitían. Todo alrededor se reducía a miles de píxeles de una fotografía en movimiento. No escuchaba nada, excepto su respiración entrecortada y sus zancadas, cada vez más amplias. Las luces quedaban, por momentos, más lejanas y el ruido de los coches. Todo. Corría, tanto como sus ganas de huir la espoleaban. No había nada, no pensaba en nada, sólo existía la carretera que se extendía delante de sus ojos. Nada más, nadie más.


"No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre..."
Walt Whitman