3.07.2012

Abulia

Treinta y siete, treinta y siete tablillas tiene la persiana de esta habitación, y no utilizo ningún posesivo delante porque hace tiempo que no la siento mía, de hecho hace tiempo que no siento nada mío, ni yo misma. Vaya, otra vez el “yo, mí, me, conmigo”. Todo desde hace tiempo, se reduce a mirarse el ombligo, sabiendo que hay mucho por hacer, queriendo hacer todo y acabando siempre en con la misma consecuencia: nada. Esa nada que llena todo y, lo que es peor, que ha echado fuera cualquier posibilidad de algo.
Sinceramente, he llegado a ese punto en el que incluso el hecho de plantearse algo supone un esfuerzo que no quiero asumir. Y sigo esperando ese “día siguiente” que no se parezca a ninguno de los anteriores.

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