3.23.2012

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Mientras recorría aquellas calles a aquellas horas y en aquellas circunstancias, pensaba en las veces que esas mismas calles la habían visto siendo feliz y,  aunque no le costó mucho traer esos recuerdos a su mente algo había cambiado, había cambiado lo que sentía al visionar su propia vida en su memoria. Y, a pesar de que siempre había pensado que lo de la “banda sonora de tu vida” era una completa gilipollez, sí pensaba que existía una especie de reproducción en modo aleatorio que, casualmente (o no) siempre era apropiada. Pues bien, esa noche era muy “la extraña pareja” al menos, lo que a ella le evocaba esa letra. Y es que, rodeada de “vino, risas, exceso y alguna vomitona” se dio cuenta de que “el amor es eterno mientras dura” y esa noche, haciendo gala de una autosuficiencia prestada, se permitió corregir a Ismael y colocar “recuerdo” como sujeto de esa aplastante frase. El recuerdo que con trabajo y con tiempo, sobre todo con tiempo había construido minuciosamente, la imagen que se había tejido de él. Esa noche Penélope  deshizo su preciado trabajo  para, por primera vez, no volverlo a rehacer por la mañana. Y por primera vez también, como tantas otras cosas esa noche, pensó que “quizás podamos escoger nuestra derrota."

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